lunes, 12 de diciembre de 2011

de tristeza, resentimiento y el amor a uno mismo

después de estar echado en el sol durante varias horas, bernarda decidió llevarme a la casa de los abuelos. la cosa es que después del recibimiento alegre de quienes allá se encontraban me llegó el olvido de la raza y así empecé a deambular por donde me daba la gana. me subí un rato a la sala, olfatee por la cocina y la cochera, me eche debajo del comedor. luego me di cuenta que bernarda se había ido y me dieron las ganas de llorar y lo hice. ¡ay! me dio tanta tristeza no verla, desapareció de pronto, sin previo aviso. que terrible la sensación de abandono y nadie podía explicarme qué había sucedido. y aunque me hubieran explicado yo estaba inconsolable, viviendo la emoción, dejando fluir eso que estaba ahí acumulado desde hace tiempo. será que lloré esa ausencia y otras de las que me acordé, otras que se me vinieron a la memoria emocional guardada en mi corazoncito. y lloraba y lloraba. ana me abrazó, también el chino y ahí encontré tranquilidad y consuelo. ver que alguien se conmovía de mi sufrimiento me ayudo a consolarme a mi mismo, a mi propio corazón asustado y lleno de miedo, así que lo que sentí en mi cuerpo me animó a trasladar ese consuelo a mi alma y me consentí y me apapaché y así me tranquilicé a mi mismo, ayudado por aquellos que me rodean.
hay momentos en la vida en la que es necesario hacer las cosas, así como salgan, dejando de lado el perfeccionismo y la angustia que provoca el yerro, lo importante es poner en juego lo mejor de uno mismo, haciendo lo mejor posible. hay que aventurarse a caminar por caminos desconocidos y ajenos, ahí está la vida, en la novedad aunque despierte el miedo y la angustia, del otro lado hay tranquilidad y paz. también hay tranquilidad en el trayecto, pero es la consciencia la que se "escama" la que le saca. también es que el instinto empieza a advertir que lo que se avecina puede ser una experiencia dura, inclemente, sobretodo cuando se sabe que a quien se ha de enfrentarse es a una perra resentida, frustrada y seguramente lastimada e incomprendida, lo que despierta en mi dos sentimientos que se encuentran y cuya combinación me desconcierta; la rabia y la compasión. la rabia me espanta, si, la rabia mía, esa cosa mata y no hay vacuna que la contenga que la alivie, no es cosa de microorganismos que curan si no de actitudes que se adoptan. por el otro lado creo que cuando alguien está resentido seguramente es porque mucho ha sufrido y su alma no ha sabido que hacer con eso, no ha sabido canalizarlo, desecharlo, darle una lectura nutritiva para la propia existencia, así que ese dolor se expresa afuera, se culpa a otros por las propias heridas y se les castiga. uno no es culpable de haber sufrido, de haber sido lastimado. la cicatriz se queda ahí, no se mueve y es necesario aprender a vivir con ella y disfrutar de lo que acontece, así, sencillamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

deja tu huella...